NIÑOS DE COLORES

Hace algunos años, en España no había tanta mezcla de razas y culturas. De hecho, ver a alguien de diferente color por la calle llamaba mucho mi atención.
Pero un día llegaron de todos los países y ya, el rey Baltasar dejó de ser tan exótico.
La primera vez que un niño de piel de chocolate se acercó a mí, asustado entre tantos otros niños más claritos que le miraban y remiraban por todos lados, tomé su mano y la acaricié para tranquilizarle; era suave como terciopelo. Después cogí su rostro y le besé.
Experimenté una profunda emoción porque al abrazarle se rompieron todas las barreras de la extrañeza.
Invité a todos a darle la bienvenida. Saciaron su curiosidad, acariciando sus manos y su pelo; incluso pelearon por ser sus compañeros.
La maravilla fue ver el cambio de su rostro: Pasó del miedo a la risa.
ERA UN NIÑO FELIZ
